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26 de febr. 2011

Cuando un mudo habla todos callan

    Tras un desgarrador ¡Basta! en su boca, la mía empezó a escupir pintura, piedras y negra tinta. Los pulmones empezaron a masticar tabaco. Cual Edipo, decidí arrancarme los ojos. La luz del Sol ciega, ¿quien no lo sabe?, la Verdad arde y así, Mi Primer Amor me quemo las entrañas. Me dejó. Diosa y monstruo a la vez, consiguió llevarme al verso hambriento. Ella no lo sabía, pero lo imaginaba. decidí convertir los excrementos de una existencia sin ella en entusiasmo arquitectónico…y aquí estoy…tejiendo.

    Yo no soy predicador. Yo nací sastre, pues nací en Terrassa y desde siempre prefería tejer que navegar, vestido como un bufón deambulaba por las calles y al llegar a casa, me proclamaba Emperador y escribía. Pero ella me dejó. Y no soportaba la idea de encontrarla al girar la esquina, pues tenía miedo. Los cobardes son personas capaces de predecir el futuro, me susurraba Bukowski al oído y a su vez, allí estaba Walt Disney sentenciando a mi yo-infantil con ese ¡Huye Simba, huye…y no regreses!...y así, un servidor decidió sacar los pies del cemento. Decidí partir.

    Próxima parada, ciudad del desgarro por excelencia, con una enorme antena como icono y dos amantes como atrezzo permanente. Cientos de calles, muesos, puentes, puertas, ventanas, Mcdonals baratos, buhardillas que rozan el cielo, sillas vacías que albergan versos y el Moulin que hizo enloquecer a Cervantes configuran el escenario. Mendigos por doquier, locos, artesanos de blasfemias, mutilados, viejos, poetas, borrachos y soñadores pintan la ciudad en blanco y negro. Es donde la feminidad esta en las mujeres, la elegancia en las damas y la cocetería en los burdeles. Fueron Baudelaire, Rimbaud, o las putas de Miller, quién despertaron el misterio en mí, la Duda, el entusiasmo, el enigma. En fin, los bienpensantes la acusan de Ciudad del Amor, pero salta a la vista que hay más olvido que suspiros, aquí nadie ama nadie. Todo el mundo está solo. Con pareja o sin ella, viven solos. Solo se ama el ideal, la Luna, lo bello, la vida feliz…en este sitio solo se ama una cosa: París.

    Cargue mi mochila con las manos sucias. Dentro puse mis 23 años, uno tras otro. Ropa. Una buena dosis de miedo. Algún libro. Abrazos para no olvidar, algún fugaz beso con sabor a-diós, algo de valor, entusiasmo, música y una sola idea: coger el avión aunque caiga el cielo. Y así lo hice…

    Llegué un 19 de Febrero. Aquella noche dormí sin cojín. Pasaron las horas. Los días. Las semanas y los meses. Como buen estudiante de Filosofía tenia la Duda al acecho constante, o si lo prefieres, no tenia nada claro...el mundo lleno de respuestas en forma de besos y yo dudando si arrancar bragas o sonrisas.

    Un día leí un cartel que decía; LA TRAVIATA. GUISEPPE VERDI. DESDE 7€ A 160€. PALAIS GARNIER. ¡La oportunidad era única! ¡Verdi por siete jodidos euros! ¡En la Ópera de París! No daba crédito. Fui al edificio y compre una entrada. Si, una. El espectáculo empezaría en dos horas, así que volví a casa y me disfrace. No quería ser delatado como estudiante. Debo confesar que notaba en mí la euforia de La Primera Cita. En mi rostro sonriente solo le faltaba alguna pincelada de acné.  

    Dos horas más tarde, estaba instalando mi culo en el palco más perdido. Cabían allí tres personas. A mucha honra. Y allí estaba yo, solo. Arriba a la izquierda. Quinta planta. El escenario quedaba a mis pies. Un tanto de vértigo al principio, y visibilidad media. Al final del espectáculo podría lanzar flores si tuviera alguna entre mis manos. Pero no era el caso. De pronto el acomodador abrió la puerta a mis espaldas y señaló la silla de mi lado a una curiosa muchacha. Curiosa, por su mirada y falta de empatía. Tímido le dije buenas noches…y no respondió. Su mirada estaba clavada. Parecía tener un martillazo en la nuca. No se movía. Vestía cómodamente. Es decir, no se arregló. En su regazo sostenía con las dos manos una máscara de esas típicas que uno hacía de pequeño en la escuela. Al rato, me miró y quedé paralizado. Era ella, mi amor hecho Diosa. Yo quedé gélido y mutilado. Algo torpe. Ella se dio cuenta, pero poco le importó. Sin duda sus ojos eran tristes.

    De pronto, las luces se cerraron. Todo quedó oscuro. Todo, menos el foso musical que iluminaba su cara con una frágil, y a su vez cálida, luz. Salió el director recibiendo los primeros aplausos que dieron paso a un silencio absoluto. Alguien tosió. Alguien paró de toser. Y de pronto, los violines arrancaron con sensibilidad extrema. Telón…y allí empezó el Drama.

    Pasaron los minutos mientras yo buscaba la forma de mirarla sin que ella se sintiera molesta. Al rato empezó a llorar pero orgullosa, sin sollozo alguno. Sus lágrimas simplemente resbalaban, caían. No lloraba por la opera, eso estaba claro, pues un famoso Brindis sonaba con alegres porvenires. Entonces, ¿por qué lloraba? No lo podía soportar, tenerla al lado llorando. Las Diosas no se merecen llorar. El misterio me mataba. ¡Quería preguntárselo! Pero no podía. Esto es el mundo real. Mi verdadera condición de mudo. No hagas nada, mírala, lo último que quiere es hablar con alguien, me decía a mi mismo. Pero tenía la insultante sensación de que tenía al lado la futura madre de mis hijos. Ese llanto me enamoró. Me resultaba familiar. ¡Yo podría ayudarla! ¡La entendía sin palabras! ¡Dime que te pasa!

    Llegamos al tercer acto y yo continuaba con mi discusión interna. Los músicos devoraban las partituras sin tregua, ahora Violeta se despide de Alfredo antes de morir. Ya estamos en la última aria y yo continuo mudo. El drama del escenario y el de mi palco me abruman… ¿que hago? Ya no hay tiempo, en dos minutos el escandaloso espectáculo terminará, ella desaparecerá por la puerta y nunca más sabrás de ella, ¡inútil! La cabeza me estallaría en cualquier momento.
  
    Telón. Final.

    Ya no había marcha atrás. El público aplaudió con entusiasmo. Ella no aplaudió. Yo tenía el cuerpo revolucionado. Ebrio. París a esas horas ya estaba durmiendo y allí dentro un espectador en la Platea se levantó y aplaudió de pie, otro, otra, otros, cinco más, diez, cincuenta, mil, toda la sala se puso en pie, los aplausos continuaron en crescendo y de pronto, ella se levantó imitando el gesto común, subió a la silla, me miró y me dijo al oído esas palabras que no olvidaré nunca: eres un ser maravilloso, y de golpe, sin mas, se lanzó al vacío… ¡y se lanzó al vacío! ¿Y yo? Yo estoy aquí escribiendo este insulto porque no le dije nada. Incapaz de pensar, me derrumbé. A veces uno tiene la certeza de estar al lado de la persona más maravillosa del mundo y ese día yo la tuve. Quizás mi amor sea un llanto gratuito fruto de una impotencia llamada rencor contra uno mismo. Quizás sea todo una fantasía construida a posteriori del trágico espectáculo quizás si, pero ella murió aplastada. Y esto, esto no es ni fantasía ni llanto.
  
    Pero en todo ello existe un problema, leo mis palabras y veo que todo es mentira, todo imaginación literaria, falta el hedor de su cuerpo, el sonido de su voz, la luz del palco o la jodida mirada de sus ojos...Las palabras aprisionan la verdadera realidad a su gusto y medida. Las páginas se ablandan con el agua del mar. Todas necesitan de la botella. Siempre lo mismo. Una botella. Al final, todo termina entre copas. Dionisio sale a flote y…¡chin chin! ¡Propongo un brindis!...Por la noche, ¡que aún es joven! Ella seguramente lo es, pero yo no estoy hecho para ser joven. Las noches mueren y los días nacen. Hoy puede ser un gran día, me digo. Una aspirina. Una llamada. Dos maletas y un billete de regreso. Próxima parada; Barcelona. Todo muere. Todo lo bello muere. Ese atardecer murió, si. ¡Pero mañana habrá otro!, se dice. Si, cierto. Mañana habrá ¡otro! Muy bien. Ahora, pregúntaselo a los enamorados ¿qué piensan ellos de los otros?, pregúntaselo. Háblales de otros atardeceres. Háblales de los Terceros. Nada importa ya. Ella murió. Sin más. Me arrancó los pulmones y parte de la cara. Esa noche murió. Este relato morirá. Estas palabras. La tinta. El recuerdo. Los árboles y las manzanas. Mi aliento, mi suspiro, esta música y el amor también morirá, llevándoselo todo…y yo… yo no le dije nada. 


Terapias de un dandy @pmallafre
para concurso de relatos Erasmus
(Paris, Abril 2007)

25 de febr. 2011

El día que dejé los escenarios

Como la gran mayoría de personajes de mi entorno he pasado mis días encerrado entre las paredes de la Gran Pantalla, y no me cabe la menor duda de que en ellas esta el motor de mis deseos y claro, de las historias uno recibe educación e incluso voluntad, así pues, podemos entender las expectativas que me hice tras la noticia de que viviría una Primer Cita, tras colgar el teléfono y empezar el proceso de limpieza personal que exigen tales acontecimientos, tuve la sensación de que el mundo estaba en su sitio.
Con el corazón bateando en la garganta y con los bolsillos llenos de piedras para no alzar el vuelo, salí de casa. Al poco rato, la tranquilidad de ver pasar la nada a través de la ventana del tren me conducía al mejor de los juicios. Pero el estómago no me permitía un solo instante de paz y así, en pleno combate entre la tranquilidad del vaivén y mí enfermo cuerpo el tren frenó anunciando que en breve estaría rodeado de aquello que engorda las ciudades; náufragos, enamorados, lectores, locos, borrachos, perdidos, buscadores, amantes de la luna, amantes del chocolate y, sobretodo, esclavos, en definitiva, animales.

Perdido entre la muchedumbre intento escapar y encuentro de nuevo el camino hacia las sagradas escaleras, subo el primer peldaño, subo el segundo, diez más, cien, miles, un millón de peldaños y de pronto aparece ante mí el último, dándome conciencia de que ya no hay marcha atrás, de que a tan solo un paso esta el escenario de la Cita, tan solo uno.


Clavado, como quién ve el rostro helado de la muerte familiar, me quedé inmóvil contemplando los fantasmas internacionales que merodeaban la escena. Amantes del retrato y del video casero intentaban a cada clic eternizar la nostalgia que les hace humanos tras el paso de los años. Así pues, cojo aire y aparezco así de simple en escena. Miro la hora y me doy cuenta de que continúo siendo yo. Diez minutos tarde. Si ella no miente, ya debe estar buscándome entre la multitud. La busco con ojos ciegos y veo que le falta puntualidad y palabra. Me digo, la puntualidad no es nuestra mejor arma. En fin. Espero. Busco desesperado y mí boca empieza a masticar tabaco. Miro con ojos felinos a la gente que me rodea. Continua mí espera. Mastico otro cigarro con la esperanza de que cuando termine ella ya habrá aparecido. Espero. Termino el cigarro. No esta. No esta. No esta. No viene. No viene,¡ pero vendrá!, pienso. Pero el tiempo insaciable me lleva de la mano hacia el mundo de la DUDA y de la inseguridad y empiezo a ver el horror, la clara humillación, el claro desengaño, las dudas empiezan a oscurecerme pero la claridad del sol en mí cara me pide que levante el rostro y unas gafas. Así pues, vuelvo a mirar el escenario y me doy cuenta de que es ideal, perfecto. Tengo Barcelona bajo mis pies, el sol en la cara, un ramo en la mano derecha y un reloj en la mano izquierda condenándome irreversiblemente. Habrá perdido el tren, pienso, si…¡si! lo habrá perdido!, me repito cual mente enferma. Pero las caras de los vecinos no me dicen eso, ellos delatan la inaguantable escena que estoy viviendo. Solo ellos. El Tiempo inflexible me ensordece los oídos y me pide a gritos alguna respuesta. Decido enviar un mensaje preguntando por su paradero y no responde, acto seguido le digo tan solo "RESPONDE!!", como reflejo de mí impaciencia y de la patética escena en la que estoy sumergido. De pronto, ¡pi-pi!, la sagrada respuesta ha llegado. Leo. Esta en sus paredes más amadas. Dentro de su cueva y a miles de kilómetros de la Tierra. Mí cabeza se inclina hacia el suelo y clavo los ojos entre las baldosas urbanas que tan pocas historias cuentan, intuyo que allí me quedaré el resto de mí vida, yo y mí alma. Al rato, veo una roca y me quedo en ella. Decido ser como ella. La luz empieza a cegar mis pensamientos. Estas cosas no se hacen, me repito cien veces. Sin dejar de mirar la piedra empiezo a vislumbrarme en ella, ¿soy yo?, nunca más caeré en tales errores, ¡soy YO!, ¡el heredero de los jardines románticos!, ¡el reinventor de las tragedias! ¡Por Zeus! ¡YO! Durante los siguientes minutos una oleada de comprensión me invade. ¿Tenia que pasar por aquí? ¿Tenia que ridiculizarme a mí mismo? ¿Tenia que avergonzarme de mis deseos? Por extraño que suene, tras este espectáculo, me sentí feliz ¡QUE ALEGRIA! Hacia demasiado tiempo que buscaba una chispa de luz para encender el giro moral. Contra todo pronóstico empiezo a atar cabos, a solucionar dudas, a bañarme junto a Afrodita, a discutir con Urano para que finalmente Zeus me ceda su trono imperial. Así que tan solo necesitaba una buena ostia. Me despido de la moral bufónica y me autoproclamo, cual Napoleón, una moral de Emperador. ¿Así que la vida es cuestión de supervivencia? ¿De verdad? ¡Sí! ¿Así que nunca más caeré en los enigmas que crean de las tejedoras? ¡Sí! ¡Nunca mas!
Así pues, ahora me toca a mí construir una pared a base de enigmas. Tras el muro pienso dominarlo todo. Seré tratado de amo y señor. Las nínfulas quedaran ridiculizadas, Beethoven no les dejará ni un momento para la grandeza. Eso sí, amaré como nunca. Un buen amigo me dijo un día; hay que encontrar el equilibrio, déjalo todo en el 1+1, no le des respuesta, simplemente 1+1, hay que disfrutar de la suma, disfrutar de lo común sin perderse a uno mismo.


Al fin y al cabo, al paso de las horas, me doy cuenta de que todo ha sido un verdadero malentendido. No sucede nada, pienso. El bufón estaría con la pistola en boca y encima del escenario, pero en el palco estar el emperador y considera el espectáculo como una buena lección, y, de pronto, sin avisar, se encienden las fuentes de agua, el sabio viento se encarga de llevar hasta mí rostro el polvo acuático. Las caóticas cascadas ahogan mis ojos y rodean este vulgar escenario, donde he puesto mí primera arquitectura, donde el drama ha aparecido más crudo que cualquiera de las ficciones y donde las princesas no aparecen.

Finalmente, me doy cuenta que los pies empiezan a sacar raíces a cada paso, por fin, mis pies están en su lugar más infantil. Son en el suelo
.

 Terapias de un dandy @pmallafre
(Terrassa, Septiembre 2006)

24 de febr. 2011

Mi Cisne Blanco

Relato aquí un sueño,
¿quién eres?

"...ante mis ojos ella, iluminada por un foco, sobre un escenario hecho con negros maderos antiguos, una joven i delicada bailarina ensaya antes de la estrena, mira fijamente el teatro de butacas con la mirada perdida en el horizonte y sabiendo que nadie la ve empieza a moverse con el espacio cual pajaro con el aire. Frena. Deja caer la cabeza. Cierra los ojos para ella misma. se sumerge. De pronto entra el vals con el que bailan la naves de Kubrick, El Danubio Azul de Strauss, con la bellaza de Venus ella de nuevo decide embargarse en su mejor viaje. Lenta y suave. De pronto sus ojos se me aparecen delante y siento todas sus tempestades en mi estómago, llora sin soltar lágrima con la sonrisa de los amores absurdos, la de los desamores...en ese instante ella ha desaparecido y el Arte se ha adueñado de su cuerpo.  


 Pura expresión. De pronto se da cuenta de mi preséncia. se asusta. frena. vuelve a ser ella. luego por sopresa el patíbulo de butacas arranca con un aplauso masivo, pero no veo ningún rostro en él, sólo veo la sala a oscuras. ahora ella me saluda amablemente con la mano cual pequeña nínfula. se acerca. se me altera la sangre. se acerca más. no parece que vaya a frenar. esta delante de mi. la veo desde abajo. ella se agacha. pone su rostro frente al mio. se acerca. huelo su dulce aliento. sus ojos estan gritando. los mios arden. no entiendo nada. y con lento movimiento, a "sotovoce" me susurra al oido: "me voy"....yo, curiosamente con la alegria de quién se quita una dura carga de sus espaldas le respondo un simple y triste "adiós" y ella...ella se va.
De pronto una soprano con potente voz canta una aria de despedidas suicidas anunciando así el final del Primer Acto."



Aquí es cuando hoy, tras dormir 5 horas, me he despertado de un salto de la cama. "¡Estoy en el Entreacto!"...me he dicho, "ahora tienes todo un dia para fumar y poder ir al baño" y me he puesto en pie con una alegria desbordante, menudo sueño, cuanta belleza; pero han ido pasando las horas y me he dado cuenta del significado del cojunto onírico, ante mí tuve aquello que no tendré, aquello que ya no persigo...amor, ahora sólo persigo la amabilis insania.

Fotograma de la película Cisne Negro (10) de Darren Aronofsky

...pero, ¿porqué de mi alegria matutina? por el hecho de soñar tan placidamente con lo mas bello que mi enferma cabeza pueda crear y que en la narración me despida de la caprichosa Venus. Con alegria...ya no soy esclavo de vos. huid mi dama, mi princesa. Mi vida, huid.

 Terapias de un dandy @pmallafre
(Terrassa, Octubre 2006)